Thom S. Rainer, director y presidente de LifeWay Christian
Resources, una plataforma evangélica de recursos para evangelizar, después de
muchos años dedicado profesionalmente a fomentar y promover el anuncio del
Evangelio, ha podido constatar que aunque se trata de un mandato básico de Jesús (“id por todo el
mundo y predicad el evangelio”, Marcos 16,15) en muchas
comunidades cristianas, simplemente, no se hace.
Rainer ha analizado en un artículo en Charisma Magazine 7 razones por las que no se evangeliza a nivel
de comunidad (no a nivel de individuo), por lo que parte grande
de la culpa recae en los líderes, que son los que deben cambiarlo, pero la
feligresía tiene también mucha responsabilidad.
Las 7
razones por las que una comunidad no evangeliza
1. La comunidad no hace de la evangelización una prioridad
“Si una comunidad no da una prioridad alta a la
evangelización, en realidad es que no le da prioridad alguna”,
denuncia Rainer.
El padre James Mallon, experto canadiense en renovación de parroquias, lo
plantea como un tema identitario: como decía Pablo VI en “Evangelium
Nuntiandii” 29, “la Iglesia existe para evangelizar”; si una parroquia deja de evangelizar porque
está haciendo otras cosas, o prioriza otras cosas, tiene un problema de
identidad, no está haciendo su misión, lo que es en realidad su
sentido de existir.
2. Muchos
laicos y feligreses piensan que lo de evangelizar es para el clero o los
pastores
“Esta
perspectiva es antibíblica e improductiva; las parroquias evangelizadoras
tienen laicos evangelizadores”, dice Rainer.
Desde una perspectiva católica, Mallon señalaría al documento de Aparecida que
en su punto 144 dice “todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe
de su misión” y “Cumplir este encargo no es
una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana”,
y en el punto 146, citando a Benedicto XVI: “Discipulado y misión son como las
dos caras de una misma medalla: cuando
el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que
sólo Él nos salva (cf. Hch 4, 12)” .
Eso se hace intencionalmente, se busca: por eso Aparecida y la nueva evangelización hablan de “discípulos
intencionales misioneros”, que incluyen a los laicos.
3. Muchas
iglesias tienen la mentalidad de dar excusas
“Los pastores echan la culpa a los feligreses; los laicos a los pastores, todos
culpan a la cultura, la denominación u otro chivo expiatorio”, señala Rainer.
Este círculo vicioso, sin embargo, en entornos católicos tienen que romperlo
sobre todo los sacerdotes y obispos, como ha insistido siempre el obispo
Dominique Rey de Toulon al hablar del “cambio de visión”, de pedir a Dios “una
visión misionera, evangelizadora” para el obispo y sus sacerdotes.
4.
Demasiados feligreses no relacionan evangelización y oración
“Muchos
fieles son bastante buenos rezando por los enfermos y los que tienen carencias
físicas, pero no rezan por aquellos que tienen una necesidad aún mayor: la de
tener una relación personal con Cristo”, escribe Rainer.
5.
Demasiados cristianos fallan a la hora de ser compasivos, como otro Cristo,
ante los demás
El mal
ejemplo, el no estar disponibles, el no ser cercanos, no mostrarse compasivos…
todo eso aleja al cristiano de las personas y dificultan que sea evangelizador
eficaz.
6. Muchos
servicios en la iglesia no son intencionalmente evangelizadores
Y deberían
serlo: Cáritas, la atención a enfermos y moribundos, roperos, despensas, ayuda
a inmigrantes, a embarazadas con problemas, el trabajo social y cultural, con
jóvenes, profesionales… todo debería
“incluir esfuerzos intencionales de compartir el evangelio”, según
Rainer.
Aquí, la palabra “esfuerzo” e “intencional” se usa para no excusarse en que la mera acción social ya es
evangelizadora. Como decía Pablo VI en Evangelii Nuntiandi 22,
que pedía un “anuncio explícito”: “No hay
evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina,
la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios”.
7. Hay
parroquianos que temen que si llegan nuevos cristianos cambiarán demasiado su
parroquia
“En serio,
lo he oído muchas veces. Cuando era pastor, me agobiaba un feligrés que me
decía que yo estaba trayendo demasiada
gente a Cristo, que estaban cambiando la iglesia muy rápido”,
escribe Rainer. Si esto es así en ambientes evangélicos… ¿cuánto más en parroquias
católicas, acostumbradas a tener siempre la misma feligresía y con una edad
como amiga de aceptar cambios?
Puede darse el caso de que los parroquianos acepten dar dinero para el Domund y
las misiones bien lejanas (cosa muy buena y necesaria) pero se nieguen a muchas
iniciativas de nueva evangelización, sobre todo si atraen ciertos colectivos
(inmigrantes, gitanos –o payos-, jóvenes ruidosos, pobres…). Pero el mandato de
Jesús en Marcos 16,15 no era “id y anunciad el evangelio a los que os caigan
bien” sino “a toda criatura”.
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