domingo, 24 de mayo de 2015
jueves, 21 de mayo de 2015
MISA PASCUA DE PENTECOSTÉS - DOMINGO 24 DE MAYO A LAS 12:00 H. EN LA CATEDRAL
PASCUA DE PENTECOSTÉS
Celebración de la Ecuaristía
Presidida por el Sr. Obsipo, Mons. D. Rafael Zornoza Boy
En la Catedral de Cádiz
Domingo, 24 de mayo a las 12:00 h.
Están invitadadas de manera especial todas las realidades diocesanas, simbolizando y mostrando la comunión con nuestro obispo y la riqueza del cuerpo místico en la Iglesia en la Diócesis de Cádiz y Ceuta.
Nuestro obispo nos anima y nos llama para celebrar con él una festividad tan importante.
http://www.obispadodecadizyceuta.org/noticia/domingo-celebramos-pentecostes
http://www.obispadodecadizyceuta.org/noticia/domingo-celebramos-pentecostes
lunes, 11 de mayo de 2015
Mons. José Ignacio Munilla en Cádiz el 6 de junio - Colegio de los Salesianos de Algeciras
Mons. José Ignacio Munilla participa en el Encuentro de la Escuelas Diocesanas
El próximo 6 de junio las Escuelas Diocesanas de la Diócesis de Cádiz y Ceuta se reúnen en un encuentro de final de curso, que se celebrará en el Colegio de los Salesianos de Algeciras.
El encuentro, que estará presidido por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza Boy, está dirigido a todos los participantes de la Escuela de Evangelizadores y Escuela de Discipulado, aunque está abierto a todos aquellos que deseen asistir y conocer de cerca estas iniciativas de nueva evangelización que se están desarrollando en la diócesis.
Para esta ocasión, el invitado será el Sr. Obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, que ofrecerá una conferencia y compartirá la jornada con los asistentes al encuentro.
Desde hoy, 11 de mayo, está abierto el plazo de inscripción, que deberá formalizarse bien por correo electrónico (secretariapastoral@obispadocadizyceuta.es), o mediante el teléfono 655 607 811, indicando: nombre y apellidos, teléfono (preferiblemente móvil), número de asistentes, y parroquia.
sábado, 2 de mayo de 2015
CON FLORES A MARÍA
LECTOR. Purísima Inmaculada Virgen María: Presentes ante tu trono tus hijos. Ante tu altar derramando con amor las flores de nuestros obsequios. Queremos contemplarte muy de cerca todos los días de este mes bendito, para que la fragancia de tus virtudes perfume nuestras vidas; para que el calor de tu mirada maternal nos aliente en nuestras luchas, nos consuele en nuestras penas, nos fortalezca de nuestros desfallecimientos.
TODOS: De nuevo nos consagramos a Ti. Tuyos somos. Tuyos queremos ser. Tuyos nuestros alientos de conquista. Tuyos nuestros ímpetus de combate. Tuyos nuestros ardientes deseos de pureza inmaculada. Tuyos nuestros ardorosos anhelos de ferviente apostolado.
L. Nuestro más santo orgullo, Virgen María.
T. Tenerte a Ti por Madre.
L. Nuestra más honda alegría.
T. Cantar siempre tus glorias.
L. Nuestro más ardoroso anhelo.
T. Prender almas de joven en tu manto azul, reluciente de estrellas.
L. Al brillar el sol de oriente.
T. Abre su cáliz la flor.
L. Y ábrese el alma que siente.
T. Las miradas de tu amor.
L. Cantemos, Madre, tus glorias, guiados por la Iglesia Santa en este mes de ensueño.
T. Toda hermosa eres, María.
L. Y no hay en Ti mancha de pecado.
T. Tú, gloria de Jerusalén.
L. Tu, alegría de Israel.
T. Tú, honor de nuestro pueblo.
L. Tú, abogada de los pecadores.
T. ¡Oh, María, Virgen prudentísima, Madre clementísima!.
L. Intercede por nosotros ante el Padre, cuyo Hijo nos diste.
T. Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tu habitas.
L. Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Reina y Madre de los Apóstoles, siembra en nuestros corazones semillas de cielo, que rompan alegremente en rosas de apostolado de conquista a la mayor gloria de Dios. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Madre Nuestra, Santa María, que un destello de luz irradiando de Nazaret, ilumine nuestras vidas. Que contemplemos en Jesús, obediente y humilde, el modelo de nuestra vida de familia. Dios te salve, María...
T. Santa María...
L. Santa Madre de Cristo trabajador, que nuestras horas de trabajo y estudio, unidas a las de Jesús en Nazaret, ofrecidas con alegría por la conquista de nuestros hermanos, atraigan las bendiciones del cielo sobre nuestra obra redentora. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Reina y Madre de (nuestra familia, parroquia, etc.), que el Espíritu Santo, con la plenitud de sus dones, descienda sobre nuestros corazones en el mes más bello del año, en el Pentecostés solemne, que abrase nuestras almas en fuego de conquista, para que rindamos ante tu trono las almas de todos nuestros compañeros y amigos. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. En este mes de las flores, alas te pido Madre.
T. Alas para volar.
L. Alto, muy alto.
T. Sin descansar.
L. No me dejes plegar.
T. Las alas que Tú me diste.
L. Hasta que llegue a esa tu luz.
T. Donde las sombras terminan.
L. Donde estás Tú.
T. Alas te pido Madre.
L. Alas cargadas de almas.
T. Que vuelen también a Ti.
L. Almas, Madre, de mirada clara y profunda, que fija la vista en la altura, puedan cantar con nosotros.
T. No he nacido para el suelo, que es morada de dolor; yo he nacido para el cielo, yo he nacido para Dios.
L. Almas que serán perlas para engastar en tu corona de Madre, de Virgen, de Reina.
T. De Madre las más tierna, de Virgen la más pura, de Reina la más misericordiosa.
L. Almas que unidas con nosotros en eternidad de eternidades te contemplen para siempre a la mayor gloria de Dios.
T. Amén.
TODOS: De nuevo nos consagramos a Ti. Tuyos somos. Tuyos queremos ser. Tuyos nuestros alientos de conquista. Tuyos nuestros ímpetus de combate. Tuyos nuestros ardientes deseos de pureza inmaculada. Tuyos nuestros ardorosos anhelos de ferviente apostolado.
L. Nuestro más santo orgullo, Virgen María.
T. Tenerte a Ti por Madre.
L. Nuestra más honda alegría.
T. Cantar siempre tus glorias.
L. Nuestro más ardoroso anhelo.
T. Prender almas de joven en tu manto azul, reluciente de estrellas.
L. Al brillar el sol de oriente.
T. Abre su cáliz la flor.
L. Y ábrese el alma que siente.
T. Las miradas de tu amor.
L. Cantemos, Madre, tus glorias, guiados por la Iglesia Santa en este mes de ensueño.
T. Toda hermosa eres, María.
L. Y no hay en Ti mancha de pecado.
T. Tú, gloria de Jerusalén.
L. Tu, alegría de Israel.
T. Tú, honor de nuestro pueblo.
L. Tú, abogada de los pecadores.
T. ¡Oh, María, Virgen prudentísima, Madre clementísima!.
L. Intercede por nosotros ante el Padre, cuyo Hijo nos diste.
T. Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tu habitas.
L. Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Reina y Madre de los Apóstoles, siembra en nuestros corazones semillas de cielo, que rompan alegremente en rosas de apostolado de conquista a la mayor gloria de Dios. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Madre Nuestra, Santa María, que un destello de luz irradiando de Nazaret, ilumine nuestras vidas. Que contemplemos en Jesús, obediente y humilde, el modelo de nuestra vida de familia. Dios te salve, María...
T. Santa María...
L. Santa Madre de Cristo trabajador, que nuestras horas de trabajo y estudio, unidas a las de Jesús en Nazaret, ofrecidas con alegría por la conquista de nuestros hermanos, atraigan las bendiciones del cielo sobre nuestra obra redentora. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. Reina y Madre de (nuestra familia, parroquia, etc.), que el Espíritu Santo, con la plenitud de sus dones, descienda sobre nuestros corazones en el mes más bello del año, en el Pentecostés solemne, que abrase nuestras almas en fuego de conquista, para que rindamos ante tu trono las almas de todos nuestros compañeros y amigos. Dios te salve María...
T. Santa María...
L. En este mes de las flores, alas te pido Madre.
T. Alas para volar.
L. Alto, muy alto.
T. Sin descansar.
L. No me dejes plegar.
T. Las alas que Tú me diste.
L. Hasta que llegue a esa tu luz.
T. Donde las sombras terminan.
L. Donde estás Tú.
T. Alas te pido Madre.
L. Alas cargadas de almas.
T. Que vuelen también a Ti.
L. Almas, Madre, de mirada clara y profunda, que fija la vista en la altura, puedan cantar con nosotros.
T. No he nacido para el suelo, que es morada de dolor; yo he nacido para el cielo, yo he nacido para Dios.
L. Almas que serán perlas para engastar en tu corona de Madre, de Virgen, de Reina.
T. De Madre las más tierna, de Virgen la más pura, de Reina la más misericordiosa.
L. Almas que unidas con nosotros en eternidad de eternidades te contemplen para siempre a la mayor gloria de Dios.
T. Amén.
viernes, 1 de mayo de 2015
PARA LA RENOVACION ECLESIAL
27. Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, «toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial»[25].
28. La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas»[26]. Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración[27]. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización[28]. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.
29. Las demás instituciones eclesiales, comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores. Muchas veces aportan un nuevo fervor evangelizador y una capacidad de diálogo con el mundo que renuevan a la Iglesia. Pero es muy sano que no pierdan el contacto con esa realidad tan rica de la parroquia del lugar, y que se integren gustosamente en la pastoral orgánica de la Iglesia particular[29]. Esta integración evitará que se queden sólo con una parte del Evangelio y de la Iglesia, o que se conviertan en nómadas sin raíces.
30. Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. Ella es el sujeto primario de la evangelización[30], ya que es la manifestación concreta de la única Iglesia en un lugar del mundo, y en ella «verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica»[31]. Es la Iglesia encarnada en un espacio determinado, provista de todos los medios de salvación dados por Cristo, pero con un rostro local. Su alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales[32]. Procura estar siempre allí donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado[33]. En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma.
31. El obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). Para eso, a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos. En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico[34] y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos.
miércoles, 29 de abril de 2015
La Iglesia según la visión de católicos y evangélicos
Enseña que la Iglesia peregrina es necesaria para la
salvación... y no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia Católica
fue instituida por Jesucristo, como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran
permanecer en ella
Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá | Fuente: Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe
Visión de los católicos y de los evangélicos sobre la Iglesia
Nuestros hermanos evangélicos nos dicen muchas veces: Sólo Cristo salva, la Iglesia no salva.
Es decir, los hermanos evangélicos aceptan solamente
la fe en Jesucristo y su Palabra y no aceptan que la Iglesia, como Cuerpo de
Cristo, fue instituida por El mismo y es mediante ella que Cristo quiere salvar
a los hombres.
Esta enseñanza de los evangélicos es muy atractiva y tentadora, porque simplifica bastante la religión: basta tener fe en Jesucristo y en su Palabra y uno se salva; no necesita nada de Iglesia ni de sacramentos, nada de Jerarquía ni menos de obediencia al Papa.
Nosotros los católicos debemos preguntarnos muy en serio si este concepto evangélico acerca de la Iglesia es correcto o no, o es sólo una verdad a medias.
En esta carta trataré de exponer las dos visiones de Iglesia: la de los católicos y la de los evangélicos. Creo sinceramente que éste es el punto clave de la triste situación entre los cristianos de hoy. No es mi intención ofender a mis hermanos evangélicos. No es el gusto por discutir lo que me hace escribir esta carta, sino que es el amor por la verdad lo que me mueve a escribir estas palabras y sólo la verdad nos hará libres (Jn. 8, 32).
Cuando aquí hablo de los evangélicos, me refiero a los miembros de las distintas Iglesias que tienen su origen en la Reforma del siglo XVI. Mientras nosotros los católicos hablamos de «las iglesias protestantes» (por su protesta contra la Iglesia católica), los protestantes prefieren hablar de «las iglesias evangélicas» o «los evangélicos», por su vuelta radical al Evangelio.
En general, todas las Iglesias evangélicas siguen el concepto de Iglesia que les fue entregado por los grandes reformadores: Lutero, Calvino, Zwinglio. Por eso es importante ver primero lo que pasó en el siglo XVI.
Pero antes de leer esta carta, les recomiendo que lean mi carta anterior: «¿Quiso Jesús una sola Iglesia?». Allí encontraremos una profunda reflexión bíblica acerca de la unión misteriosa entre Jesucristo y su Iglesia: Aquella meditación nos hace ver que aceptar a Cristo es también aceptar a su Iglesia.
Un poco de historia
Al terminar la Edad Media, la Iglesia Católica se encontraba en una triste situación religiosa y moral que alcanzaba hasta las más altas jerarquías eclesiásticas. Buscar honores, diversiones y dinero era la aspiración común entre la mayorías de los sacerdotes, obispos, cardenales y Papas. Y en la vida de los cristianos se manifestaron muchas prácticas y devociones religiosas muy dudosas.
La autoridad de la Iglesia no se comprendía ya como una autoridad divina, y la obediencia a la Iglesia no se entendía ya como un acto de Fe. El sentido profundo y misterioso de la Iglesia como Cuerpo de Cristo se oscureció. Es decir, la Iglesia como «Cuerpo Místico de Cristo» no funcionó más en la vida de los cristianos. Y la imagen exterior de la Iglesia, con sus grandes desviaciones humanas, se confundió con el misterio de la Iglesia.
La situación de la Iglesia de aquella época era fatal y llevó a Lutero, con su gran preocupación pastoral, a reformar y finalmente a romper con esta Iglesia. En el fondo Lutero rechazó un catolicismo que no era católico.
El concepto de Iglesia según los Evangélicos
Lutero y los reformadores niegan que Jesús quiso una
Iglesia. Y para ellos la Iglesia no es una institución de salvación y de
gracia. Ellos creen que es solamente por medio del Evangelio y de la Palabra
que el Espíritu Santo provoca el acto de fe y realiza así la justificación
(salvación) del hombre. Y la Iglesia tiene una función secundaria: ser
«servidora de la Palabra».
Explicando el misterio de la Iglesia, Lutero hizo la famosa distinción entre «Iglesia espiritual» (Iglesia con mayúscula), Iglesia invisible y entre «iglesia visible» (iglesia con minúscula). Esta distinción sigue en la práctica viva hasta hoy entre los evangélicos.
1. La Iglesia espiritual (Iglesia con mayúscula).
Es una entidad invisible, escondida, interior y sin estructuras visibles, ni jerárquicas. Esta Iglesia escondida existe allí donde la Palabra de Dios es predicada y escuchada en toda su pureza. Es una realidad misteriosa e invisible, es la comunidad de fe (Iglesia «del Credo») que nació para la Palabra. Y, según ellos, todos los verdaderos creyentes que escucharon y aceptaron el Evangelio puro pertenecen a esta Iglesia. La Iglesia invisible es totalmente «una», nunca puede ser dividida y sólo Dios conoce sus miembros. La Iglesia espiritual es el Cuerpo de Cristo. Esta Iglesia escondida puede existir sin necesidad de una Iglesia visible.
2. La iglesia visible no es de institución divina y no tiene carácter absoluto con una autoridad divina y obligatoria.
Por supuesto que es necesaria una cierta organización y orden, pero la Iglesia en su forma externa es siempre relativa, puede caer en errores y ser infiel. La Iglesia visible no es de ninguna manera una realidad sobrenatural y misteriosa. Dice Lutero que ninguna frase de la Biblia está a favor de cualquier Iglesia visible. La Palabra de Dios es el único signo externo que hace confrontar al hombre con la comunidad espiritual. Y la función de la Iglesia visible es solamente ser «servidora de la Palabra».
Concluyendo, podemos decir que la Iglesia en la tierra, como comunidad de gracia y sobrenatural, es rechazada por los evangélicos. La justificación (salvación) llega al hombre por la Palabra, y no por la Iglesia.
3. Los sacramentos de la Iglesia se reducen al mínimo: al bautismo y a la cena del Señor.
Pero no es verdad que la Iglesia por medio de los sacramentos produce un estado de gracia divino en el hombre. Los sacramentos únicamente tienen fuerza por la Palabra. Sólo son expresiones de fe, y no dan la gracia por ellos mismos sino por la fe. Los sacramentos no son de ninguna manera acciones de Cristo por medio de la Iglesia.
4. En cuanto al misterio de dirección de las comunidades, los evangélicos niegan el estado sacerdotal, porque dicen que los cristianos todos son sacerdotes.
No hacen falta intermediarios, ya que Dios salva al hombre directamente. Cada cristiano es sacerdote de sí mismo y Cristo lo es de todos. Por ello los evangélicos rechazan toda mediación de la Iglesia. Y si hay un ministerio en la Iglesia, este ministerio es sólo «una función» como otros servicios dentro de la Iglesia. El único y verdadero ministerio en la Iglesia se reduce a la predicación y al culto, pero no lo necesitan como un servicio a la unidad y menos como un ministerio sacerdotal de salvación.
El concepto católico de Iglesia
La Iglesia católica en su reflexión acerca del misterio de la Iglesia nunca ha hecho esta diferencia artificial entre «Iglesia espiritual» e «Iglesia visible». No hay ninguna indicación clara en la Biblia para hacer esta separación.
1. La Iglesia Católica siempre ha seguido la dinámica de la encarnación, es decir, el Verbo (Cristo) se ha hecho visible, se ha hecho carne y ha entrado en la historia de los hombres. Esta encarnación de Cristo prosigue de modo renovado en la Iglesia que es el Cuerpo de Cristo acá en la tierra (Mt. 16, 13-20). La Iglesia es la continuación de Cristo encarnado en este mundo. Por eso la Iglesia de Cristo es al mismo tiempo comunidad visible y comunidad espiritual; es al mismo tiempo comunidad jerárquica por institución divina y Cuerpo místico de Cristo. La Iglesia de Cristo es una sola realidad y tiene inseparablemente aspectos humanos y aspectos divinos y no son dos realidades distintas, como proclaman los evangélicos. Ahí está el misterio de la Iglesia que sólo la Fe puede aceptar.
2. La revelación divina no se limita a la Palabra escrita, sino que está en la Palabra escrita (la Biblia) y en la Tradición de la Iglesia, que ayuda a comprenderla y actualizarla a través de los tiempos. La revelación divina abarca la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición: «Manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñaron de palabra o por escrito (2 Tes. 2, 15). Además la Iglesia de Cristo, guiada por el Espíritu Santo, es «columna de verdad» (1 Tim. 3, 15), capaz de «guardar el depósito de las sanas palabras recibidas de los apóstoles» (2 Tim. 1, 13). Es decir, que el depósito de la fe (1 Tim. 6, 20 y 2 Tim 3,. 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia.
3. En la Iglesia de Cristo hay claramente aspectos objetivos creados por Dios y que de ninguna manera son creación humana. Estas realidades creadas por Jesucristo, como el ministerio de la unidad, el ministerio de la verdad y la plenitud de la gracia en los sacramentos, son realidades divinas intocables e infalibles, y visibles aquí en la tierra. Son aspectos objetivos que encuentran su origen en la institución divina. La Iglesia Católica no duda que ella es la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro, y que ella, con su Magisterio vivo y su enseñanza infalible, es la prolongación o encarnación de Cristo sobre la tierra. La Iglesia Católica es consciente de que con sus sacramentos, que son realmente acciones de Cristo, comunica la plenitud de la gracia. Y no puede ser de otra manera, porque ella existe por voluntad de Dios. Y esta Iglesia visible en la tierra es, al mismo tiempo, el Cuerpo Místico de Cristo.
Por supuesto que podemos distinguir en la Iglesia un aspecto divino y un aspecto humano. Pero cuando el católico habla de la Iglesia de Cristo, siempre se refiere a esta realidad divina y objetiva, que es intocable e infalible acá en la tierra. La Iglesia de Cristo no es de origen humano y tiene definitivamente un carácter sobrenatural. Y no podemos dudar de la autoridad divina que Cristo comunica por el Espíritu Santo a sus apóstoles y sus legítimos sucesores, el Papa y los obispos.
4. La Iglesia de Cristo es siempre y en todas partes la misma, también en épocas de decadencia, en tiempos de pobreza espiritual, y falta de comprensión, en tiempos de ignorancia y estrechez de miras. Siempre la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y Madre de todos los creyentes. Cristo siempre es la Cabeza de la Iglesia que es «una», «santa», «católica» y «apostólica»; y el Espíritu Santo es siempre el principio de vida de esta Iglesia.
Dijo Jesús a sus apóstoles: «Yo estoy con ustedes todos los días hasta que termine este mundo» (Mt. 28, 20), y «las fuerzas del infierno no la podrán vencer» (Mt. 16, 18). Podemos decir que ningún católico puede aceptar que la visión acerca de la Iglesia de los reformadores del siglo XVI sea una decisión definitiva.
Consideración final
Nosotros los católicos no podemos negar que Lutero era una personalidad profundamente religiosa, que buscó con toda honestidad y con abnegación el mensaje evangélico. Su crítica contra la Iglesia tenía una intención auténticamente cristiana; la Iglesia debería repudiar siempre todo lo que no es evangélico.
El mérito de Lutero y la Reforma es que descubrieron de nuevo el centro del mensaje evangélico: sólo por la gracia y por la fe en la acción salvadora de Cristo, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo, que nos invita a realizar obras buenas. Ningún católico va a negar este mensaje evangélico. Pero Lutero tomó este núcleo del Evangelio y olvidó todo lo demás. Esto es una simplificación del Evangelio que equivale a una amputación. Porque, si bien el núcleo es lo más importante, no lo es todo.
Lutero se vio forzado a construir un nuevo concepto de Iglesia y creó el concepto de una Iglesia escondida y una iglesia visible. Pero esta visión acerca de dos iglesias no tiene una adecuada correspondencia con las Sagradas Escrituras y con la Tradición Apostólica. Sin duda este nuevo concepto de Iglesia que creó Lutero es el punto de mayor dificultad entre católicos y evangélicos.
Los evangélicos actualmente no tienen culpa del hecho de esta desunión y no están privados de sentido y de fuerza en el misterio de salvación. Pero un católico nunca podrá aceptar esta opinión: «Cristo salva, la Iglesia no salva». Es presentar un cristianismo mutilado, es una verdad a medias. Aceptar a Cristo significa aceptar a su Iglesia.
La Iglesia es, por tanto, el «Cristo total» , su
proyección y encarnación en el tiempo. El Concilio Vaticano en la Lumen Gentium
(Nro. 14) tiene una frase que da mucha luz al respecto: «Enseña que la Iglesia
peregrina es necesaria para la salvación... y no podrían salvarse quienes,
sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo, como necesaria,
desdeñaran entrar o no quisieran permanecer en ella». Hermanos queridos, cuando
les inviten a cambiar de religión, lean y mediten estos temas que, repito, he
escrito sin ánimo de ofender, y sólo por esclarecer la verdad. Católicos, ¡lean
y mediten esto y no se cambien de religión!
lunes, 20 de abril de 2015
LA LEY Y LA GRACIA
(del Compendio del Catecismo de la Iglesia católica; tras el nº, los del Catecismo completo)
428 (2012-2016.2028-2029) ¿Estamos todos llamados a la santidad cristiana?
Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana. Ésta es plenitud de la vida cristiana y perfección de la caridad, y se realiza en la unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad. El camino de santificación del cristiano, que pasa por la cruz, tendrá su cumplimiento en la resurrección final de los justos, cuando Dios sea todo en todos.
429 (2030-2031.2047) ¿Cómo nutre la Iglesia la vida moral del cristiano?
La Iglesia es la comunidad donde el cristiano acoge la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Ley de Cristo (Ga 6, 2); recibe la gracia de los sacramentos; se une a la ofrenda eucarística de Cristo, transformando así su vida moral en un culto espiritual; aprende del ejemplo de santidad de la Virgen María y de los santos.
430 (2032-2040.2049-2051) ¿Por qué el magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral?
Porque es su misión predicar la fe que hay que creer y practicar en la vida cotidiana. Esta competencia se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia es necesaria para la salvación.
Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana. Ésta es plenitud de la vida cristiana y perfección de la caridad, y se realiza en la unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad. El camino de santificación del cristiano, que pasa por la cruz, tendrá su cumplimiento en la resurrección final de los justos, cuando Dios sea todo en todos.
429 (2030-2031.2047) ¿Cómo nutre la Iglesia la vida moral del cristiano?
La Iglesia es la comunidad donde el cristiano acoge la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Ley de Cristo (Ga 6, 2); recibe la gracia de los sacramentos; se une a la ofrenda eucarística de Cristo, transformando así su vida moral en un culto espiritual; aprende del ejemplo de santidad de la Virgen María y de los santos.
430 (2032-2040.2049-2051) ¿Por qué el magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral?
Porque es su misión predicar la fe que hay que creer y practicar en la vida cotidiana. Esta competencia se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia es necesaria para la salvación.
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